martes, 4 de marzo de 2014

PRO #ILUSIÓN CONTRA #AUTOENGAÑO


Me dolía un poco acabar con el curso Entorno personal de aprendizaje del docente que el INTEF había ofrecido a todos los docentes sin distinción de ningún tipo (yo misma no lo soy según otras Administraciones).



Me dolía por varias razones:



-       Había conseguido empezar a poner orden en parte de la información que tengo guardada en discos duros, lápices de memoria y otros lugares.

-       Había empezado a saber para qué eran mejores o menos complicadas algunas aplicaciones.

-       Había empezado a darme cuenta de que tampoco lo hacía tan mal cuando lo hacía y la autoestima, aunque llegue tarde, es una de las pocas cosas que tiene el docente además de palabras vacías de aliento y neo-reconocimiento de Administración, padres y sociedad.

-       Había por el curso (entre los 9000, 1000 activos, 300 metidos) personas humanas catalanas (igual unas 20) y también profesores de FP (50?).

-       Había de todo, altos, bajos, chicos, chicas, calvos y melenas, resabidillos y aprendices, personal que de alguna manera se promocionaba y otros (igual sólo yo) que insistían en no dejarse vencer por la… ignominia ¡no! ¡Indolencia! ¡Indolencia!



Había, yo descubierto los Cursos de aprendizaje gratuitos, masivos y en línea, a raíz de una bonita historia de cine-profesores-alumnos, la Fundación Telefónica y MiriadaX.



Yo era y soy de buscar los tres pies al gato:



-       ¿Qué perseguirán?

-       ¿Qué obtendrán?

-       ¿Qué oscuras razones habrá tras tanta bondad?



Durante muchos años esta actitud (con independencia de que la respuesta a las preguntas sea más o menos dolorosa), aportó un toque agrio a mi actitud vital.



Leía en breve hace poco que detrás de cara sonrisa hay… detrás de cada tienes razón… detrás de qué bien lo haces… Estas parecen ser y son las actitudes que se pasean como triunfadoras en la red y a veces hacen que veamos la cruda y dura realidad -por este agujero- como casi ideal, cuando no lo es.



En las escuelas, institutos y cualquier otro puesto de trabajo las cosas son más, eso, cosas y normales: reconocemos a los compañeros más fácilmente (la mirada no engaña o lo hace poco), sufrimos con y de los alumnos (algunos también a –los alumnos-).



Y si ellos o nosotros estamos en edades difíciles o situaciones complicadas a veces no sabemos por dónde salir y, o nos revolvemos contra nosotros mismos o empezamos a dar patadas a tontas y a locas o buscamos lugares de reposo y ánimo.



Unos, tienen suerte (o la buscan, o encuentran) y cerca, muy cerca hay una o dos o hasta más personas en su centro que, no pensando como ellos, también quiere salvarse y hacer bien su trabajo y se apoyan mutuamente (casi nunca incondicionalmente porqué hoy en día muchos pagan su peaje por una destinación provisional y a veces definitiva cerca de casa).



Otros, no y pululan por los pasillos, sala de profesores, departamento o seminario y solo se sienten un poco mejor cuando, en clase, consiguen –a veces- un cierto entusiasmo de algún alumno por ponerse manos a a la obra.



Otros vagan vencidos por la enorme losa que les supone no saber cómo hacer para que haya un ambiente propicio en el centro y sobretodo en clase para que, enseñando unos, aprendan todos.



A algunos, de vez en cuando, se nos escapa un pensamiento hacia la salida (una coordinación, un plan estratégico, la dirección, un centro de recursos, una licencia de estudios, la formación…), pero los tiempos han cambiado y ya no hay vacantes en esos paraísos.



No nos atrevemos a pensar que, también a veces, igual no estemos donde debiéramos o que esto de la educación es un oficio que debemos aprender bien y despacio y que, además tiene mucho de aquello que antes llamaban vocación y ahora "Elemento". Muchos docentes de secundaria somos y nos creemos (que igual es mucho peor), licenciados, arquitectos o ingenieros en… metidos a…



Ya sea por casi obligación, comodidad, autoengaño de condiciones de trabajo –como la supuesta poca responsabilidad- y otras cosas que me da pereza enumerar.



Y en esto llega un curso gratuito que nos habla de enseñar en la era de Internet y lo promociona la Administración Central al frente de la cual hay un Gobierno y detrás un Partido Político de derechas rancias cada día más y no nos gusta –más aun nos disgusta enormemente-.

Y aunque sea en algo tan banal como la formación del profesorado por una vez en años hacen algo en donde cabemos todos -poco ha durado vean nueva convocatoria- e igual nos gusta y hasta le sacamos provecho (aunque las horas sean más de 30, ni nos den certificado para poder promocionarnos).



Y pese a intuir interesadas intenciones en tiempos de voto y ánsias de pagar con una pequeña penitencia grandes desmanes, vamos; vamos muchos (que no todos) y casi nos autoengañamos pensando que podemos, que podemos cambiar alguna cosa (para mejor) en esto tan extrañamente humano y por lo tanto complicado de ir a clase mientras vivimos e intentamos aprendiendo convencer para que aprendan.



Y sabemos que hay unas tareas excesivamente pautadas (como las que a veces pautamos para nuestros alumnos) y que unos van y ya, de entrada, saben el doble de lo que nos pretenden enseñar y otros pasmados ante tanta cosa rara o se retiran silenciosos (sin casi pedir ayuda) o enfadados consigo mismos (porqué supone un esfuerzo que no estaban dispuestos a hacer) echan mano de excusas que algunos conocemos –por usadas- compromisos anteriores, el trabajo de la evaluación cercana –corregir exámenes-, la cita médica, la enfermedad sobrevenida o el pequeño accidente doméstico y con un amable ¡Hasta luego! Nos vamos yendo al día a día.



Los más cabezones, noctámbulos, solitarios u ociosos seguimos y obedientes –como somos- vamos realizando las tareas y nos dejamos engañar también con cualquier excusa conocida (lo que aprendemos, lo que descubrimos, lo que haremos en clase, lo que ya hago, o que hice, todos los co -nectivismos, -nstructivismos, -evaluaciones, -operaciones y hasta –nductismos).



Y formamos co –munidades efímeras e irreales y lo sabemos porqué tenemos edad y experiencia y los arranques de modernidad, generosidad y utopías varias han ido francasándonos al paso, seguramente por miedo a, o cobardía directamente.



Y luego, ya al final, cuando habíamos vivido 7 semanas de ilusión, surgen -en una de las redes en las que nos metieron casi sin querer,  ni saber- unos agoreros que nos dicen que nos recuerdan otra vez:



¿Qué perseguirán?

¿Qué obtendrán?

¿Qué oscuras razones habrá tras tanta bondad?



Y se ven obligados a responderse lo que ya sabíamos, que 9000 moscas no pueden equivocarse.



¿Qué perseguirán?

Los unos, alguna acción conciliadora tras tantos desmanes (no lo han conseguido).

¿Qué obtendrán?

Los otros unos ingresos ¿Qué hay de malo? ¿Dudamos de que se los hayan ganado?

¿Qué oscuras razones habrá tras tanta bondad?

Ni lo se, o sí; ni me importa o sí. Pero mi época especuladora y juzgadora entre pares, ya pasó.



Opto, sin embargo, por agradecer el trabajo a los que lo hicieron y ojalá todas las formaciones que han sido me fueran tan provechosas personal y profesionalmente (que en esto de la educación es casi lo mismo).



Lo que sí voy a afirmar es que me han enseñado y he aprendido de los tres profesores y sobretodo y mucho de un grupo de 50-70 compañeros de curso, igual habría que compartir la “pecunia numerata”.



Lo diré con la palabra que más apareció en mi “autoestudioramplón” de la cuenta personal en Twitter:



¡GRACIAS!



2 comentarios:

e-aprendizaje.es dijo...

Querida Tere, te agradezco sinceramente este post, que ni pedíamos ni esperábamos como parte del curso. Un artículo que escribes porque te apetece y porque si hay algo grande en Internet, aunque nos quieren cerrar las bocas unos y otros, es que podemos hacer oir nuestra voz.

Te agradezco además tu sinceridad y transparencia, tanto en tus dudas como en las respuestas que das. Como imaginarás tras mucho tiempo de trabajo en este curso, mucho más allá de estas últimas siete semanas, he tenido ocasión de leer algunos comentarios tanto en Twitter como en algún que otro artículo al respecto del curso.

Y aunque afortunadamente ya tiene uno la edad suficiente para no tener la necesidad de estar justificándose, y además no tenía intención de hacer ningún comentario al respecto, tu artículo (como el de Conchita y otros compañeros y compañeras del curso) me ha animado a dejar algunas reflexiones y he decidido compartirlas contigo, en tu casa que también siento que es la mía.

Quienes me conocen saben que no tengo ninguna relación, ni formal ni sentimental, con ningún partido político y que en mis más de 15 años de actividad profesional he tenido ocasión de trabajar con unos y con otros, intentando siempre sumar lo mejor de mis ideas (que no son muchas), de mi tiempo (que no gestiono demasiado bien) y de mi pasión (que compensa a mis carencias en las anteriores).

En estos años he trabajado en Secundaria, en el sector privado, duplicando y algunos años triplicando el número de horas a pie de pizarra de los compañeros de la pública. Hay años que he dado más horas de clase (Matemáticas en ESO y Bachillerato, para más información) que las que han dado en tres años algunos de quienes han intentado señalar mi competencia profesional en este ámbito. Súmale además tutorías e incluso, el último año que estuve en el Instituto, la jefatura de estudios adjunta.

Además he trabajado otros tantos años para la Administración, lo cual me ha permitido conocer muchas cuestiones que los profes y maestros no tenemos ocasión de ver/padecer/...(pon el verbo que quieras).

Por lo que respecta al tema económico, este curso dista muuuucho de ser el trabajo mejor pagado que he tenido, pero en cambio sí el más arriesgado, por ser la primera iniciativa que el MECD ponía en marcha en esta línea de formación y porque participando en el mismo previsiblemente habría muchos docentes a los que hemos intentado ofrecer lo mejor que hemos tenido.

Me siento orgulloso del trabajo que mi equipo ha realizado, agradezco la confianza que el INTEF ha depositado en Conecta13, independientemente de cuales sean nuestras afinidades ideológicas y simplemente atendiendo a nuestra profesionalidad.

Asumo que lo que hago no le puede gustar a todo el mundo, que hay muchos profesionales que saben más que yo y que siempre puedo hacer las cosas mejor de lo que las he hecho. Por eso acepto y valoro las críticas que tengan que ver con el trabajo realizado, pero espero una crítica que se base en hechos, no en suposiciones o prejuicios.

Acepto la crítica frontal y directa, frente a la que pueda expresarme con libertad, no me gustan los comentarios buscando la confrontación porque te sientas aludido.

Mi anterior jefe decía 'somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras'. Cada uno se muestra en la Red tal y como es. Poco más que añadir.

De nuevo, gracias por tu post y gracias por tu amistad.

Tere Plana dijo...

Gracias, bonita palabra de ida y vuelta casi siempre.
Tere

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